
El siglo XIX en España se caracteriza por un antagonismo continuo entre absolutistas y liberales:
A los partidarios del poder monárquico absoluto se les da el nombre de absolutistas.
Los liberales, en cambio, herederos de la Ilustración, exigen ciertos derechos a los regímenes que les gobiernan. El liberalismo español, dividido entre sí, incluye una rama más moderada y otra más radical o exaltada (luego progresista) guiada por principios revolucionarios.
1812: constitución de 1812
Participan ambos grupos en la promulgación de una constitución que establece la monarquía constitucional como forma de gobierno con una Cámara legislativa cuyos diputados son elegidos sin distinción de clases. Además:
se eliminan los privilegios de la clase noble
se regulan los conventos y monasterios
se suprime la Inquisición
se declara la libertad de prensa.
1814: nuevo período absolutista
El absolutismo vuelve a España con la llegada de Fernando VII (1808-1833), quien en 1814 rechaza el gobierno constitucional y anula las garantías liberales.1833: muerte de fernando vii
En Francia, la revolución de 1830 pone final al triunfo absolutista. En España, la muerte de Fernando VII deja al país dividido entre isabelinos (o cristinos o liberales) y carlistas (o absolutistas o tradicionalistas). Durante el largo reinado de Isabel II, España sufre varias guerras civiles o carlistas.1833-1839: primera guerra carlista
Terminada la guerra, hay un período liberal. Se llevan a cabo la supresión de las Órdenes religiosas y la desamortización de propiedades eclesiásticas. Como consecuencia de ésta, los nuevos propietarios, temiendo la pérdida de sus bienes, se alían al partido liberal.
1847-1849: segunda guerra carlista
1868: revolución gloriosa
La reina es expulsada por grupos liberales, cada vez más antimonárquicos, y, tras un período de actividad revolucionaria, el país experimenta su primer período republicano (1873-1874).
1872-1875: tercera guerra carlista
1875-1885: restauración
Alfonso, hijo de Isabel, es nombrado rey, y gobierna hasta su muerte en 1885. Se establece el turno pacífico, proyecto de Cánovas del Castillo, jefe del partido conservador y Sagasta, el líder liberal.
la ilustración: movimiento cultural del siglo XVIII caracterizado por una gran confianza en la razón, por la crítica de las instituciones tradicionales, y la difusión del saber (Larousse).
el positivismo o empirismo: movimiento científico, fundado por Comte (1798-1857) y Mill (1806-1873), que desvalora toda abstracción en favor de la comprobación de datos.
el krausismo: movimiento idealista nombrado por Karl Krause (1781-1832) e introducido en España por Julián Sanz del Río a mediados del siglo. [E]l desarrollo del individuo [se ve] como parte integral de la perfección de la vida universal (Vicente Cantarino). Quedan rechazados la intolerancia y el dogmatismo.
la revolución industrial: Los inventos del siglo de la ciencia--la locomotora de vapor, el barco de vapor, el motor de explo sión, el telégrafo, el teléfono, el alumbrado eléctrico, el motor eléctrico, etc.--y su aplicación a la industria producen después de 1850 la Revolución Industrial. La burguesía (la alta vinculada a las empresas industriales y financieras y la pequeña--los médicos, abogados, educadores, etc.) es la clase dominante del siglo. el proletariado, perjudicado por el nuevo capitalismo industrial, se convierte en fuerza politica, apoyado por nuevas ideologías izquierdistas (PSOE, P. Iglesias, 1879).
La siguiente afirmación krausista nos ayuda a entender el objetivo del nuevo Realismo, el cual comienza con La gaviota (1849) de Fernán Caballero y llega a su plentitud en la penúltima década del siglo:
"'Sólo con el despertar del espíritu científico llega el hombre a comprender que es una combinación de naturaleza y espíritu y que la vida plena requiere la armonía de estos dos elementos'".
La novela realista da relieve a lo externo y lo interno, lo social y lo psicológico, el medio ambiente natural y el ser humano que lo habita.
Según Benito Pérez Galdós, el exponente más importante de la narrativa realista, el arte de componer novelas de esta índole consiste en decirlo todo.
Y este todo es producto no tanto de la imaginación como de la observación. Dice Cecilia Böhl de Faber (F. Caballero): La novela no se inventa; se observa. Escribo en lisa prosa castellana lo que realmente sucede en nuestros pueblos; lo que piensan y hacen nuestros paisanos en las diferentes clases de nuestra sociedad.
Así que el ser humano queda dibujado dentro de su entorno; y este entorno debe corresponder a la época del autor o a un tiempo muy cercano.
Si comparamos este objetivo con el del Romántico de la primera mitad del siglo, veremos que éste pone de realce el yo subjetivo; el Realista, en cambio, pinta el yo social.
Nos pueden interesar además la especificación y descripción de las estructuras externas que constituyen el medio del ser y que luego se someten a un proceso de interiorización. Tal proceso es de relación o de oposición, según Julia Kristeva: "the only way a writer can participate in history is by transgressing his [or her] abstraction through a process of reading-writing; that is, through the practice of a signifying structure in relation or opposition to another structure" (The Kristeva Reader 36).
¿Con qué estructuras externas se relacionan los protagonistas románticos? ¿A cuáles se oponen? ¿Traerá el Realismo una configuración distinta?
¿En cada caso, cómo se representan los componentes de la configuración, es decir, el protagonista y el medio, tanto como su relación u oposición?
Aunque nuestro enfoque será la plenitud realista, mencionaremos algunos antecedentes extranjeros y nacionales:
lo extranjero: El Realismo español alcanza su punto máximo cuando el Realismo extranjero se acaba. Balzac muere en 1850 y Dickens en 1870, mientras que Galdós, Pardo Bazán, y Clarín escriben sus mejores obras alrededor de 1880.
lo nacional: Notamos primero el factor de la comerciali zación de la narrativa (1850-70), resultado de una demanda aumentada y del creciente influjo del periodismo. La narrativa folletinesca ofrece al gran público novelas históricas y legendarias, novelas sociales en imitación de autores extranjeros como Víctor Hugo, y traducciones de novelas extranjeras, en su mayoría francesas.
Señalamos dos generaciones (dejando aparte a Fernán Caballero [1796-1877], iniciadora del movimiento, y a Galdós [1843-1920], nexo entre las dos generaciones):
* la generacion de 1868, comprometida con la Restauración (1874) más que la República, con fechas de nacimiento entre 1820 y 1840: Pedro Antonio de Alarcón (1833-1891), Juan Valera (1824-1905), y José María de Pereda (1833-1906);
* los naturalistas, liberales todos, nacidos entre 1850 y 1870: E. Pardo Bazán (1851-1920), L. Alas (1852-1901), Armando Palacio Valdés (1853-1938), y V. Blasco Ibáñez (1867-1928).